El portavoz de los populares ha hecho valoración de los dos años de legislatura señalando que el proyecto de Illa es “una operación de márketing construida sobre la falta de credibilidad” que ha quedado al descubierto con la inseguridad, los problemas en la educación, el colapso de los servicios públicos y el goteo de empresas que se marchan
El balance de los dos años de Govern es “incontestable”: “Cataluña está peor que hace dos años”. De ese modo ha sintetizado el portavoz del Partido Popular (PP) en el Parlament de Cataluña Juan Fernández su valoración sobre el ecuador de la “decepcionante” legislatura autonómica, que tiene “peores listas de espera, peor funcionamiento administrativo, más inseguridad, más presión fiscal, más colapso en Rodalies” y con un Govern “sin liderazgo, sin mayoría y sin ambición” más allá de la propaganda.
Fernández ha ido incluso más allá afirmado también que “la gran tragedia política de estos dos años” es que el Govern ha preferido “construir estructuras simbólicas antes que garantizar la seguridad en las calles”, ha preferido “satisfacer Junqueras, Puigdemont y Pedro Sánchez que resolver problemas de los ciudadanos”, y por esa misma razón no ha tenido reparos en tildar a Salvador Illa de “decepción y estafa política más grande de la historia reciente de Cataluña”, por haberse dedicado a “administrar” el procés y hacerlo estructural. “Es un lobo con piel de cordero”, ha puntualizado.
La falta de presupuestos, la escasa actividad legislativa y vivir a golpe de decreto son la marca del Govern desde que Illa engañó a los catalanes con su “ni amnistía ni nada de eso” para crear un proyecto político basado en “una operación de márketing construida sobre la falta de credibilidad”. A eso, el portavoz autonómico le añade el hecho que es ERC quien “marca la agenda política” haciendo que Illa asuma como propias “la amnistía, la soberanía fiscal, la expulsión progresiva del Estado de Cataluña, el control de fronteras, el arrinconamiento de la Policía Nacional y la Guardia Civil”.
Fernández ha asegurado que “el nacionalismo está encantado con Salvador Illa” porque está ejecutando su proyecto y abriéndoles las puertas de las instituciones, y todo ello mientras “los problemas reales de los catalanes siguen empeorando, con ciudadanos que esperan más de 500 días para el reconocimiento de un grado de discapacidad, siguen muriendo personas esperando una ayuda a la dependencia, las listas sanitarias siguen creciendo y doblan a las de otras comunidades y hoy mismo toda la comunidad educativa está en la calle, la pública y la concertada”.
Esta situación ha llevado al portavoz popular a pedir “un president” para Cataluña y no “un gestor resignado” como es Illa, incapaz de atajar los problemas de inseguridad que azotan a la comunidad que lidera las cifras de criminalidad de España, en dónde uno de cada tres catalanes afirma haber sido víctima de un delito, “la multireincidencia es escandalosa, las okupaciones siguen disparadas y los tiroteos y episodios de violencia se han normalizado en demasiados barrios”.
Educación y Economía
Durante la rueda de prensa, Fernández ha constatado que el Govern “ha abandonado la educación catalana a la resignación y desconcierto”, con los peores resultados en décadas, docentes exhaustos, bajas disparadas, la mitad del profesorado con una salud psicológica mala o muy mala y ante lo que el Govern ni reacciona ni reforma, todo lo más que hace es “externalizar las decisiones” creando mesas “porque no se atreve a gobernar.
Una situación similar ocurre con la economía, puesto que Cataluña sigue siendo una de las comunidades con más presión fiscal de España y las empresas siguen marchándose, el aeropuerto está bloqueado, el Cuarto Cinturón paralizado, el Hard Rock encallado y Rodalies en colapso permanente mientras “Illa sigue desaparecido”.
Por último, Fernández ha señalado la necesidad que termine “esta gran mentira política construida entorno a Salvador Illa” para poder tener una Cataluña “que vuelva a creer en ella misma” y pueda recuperar liderazgo económico, premie el esfuerzo y el mérito, con unos servicios públicos que funcionen, más seguridad e instituciones al servicio de la ciudadanía y no de una ideología.