Realismo y reformas ante la crisis

15.07.2012 El Mundo

Alícia Sánchez-Camacho

La crisis económica española empezó a tomar el mal camino hace algo más de cuatro años, cuando el ministro socialista de Economía, Pedro Solbes, negó a España la crisis en un debate televisivo con Manuel Pizarro. Zapatero y el PSOE repitieron la inexistencia de la crisis y presumieron de la solvencia del sistema bancario español aunque las informaciones empezaban a ser preocupantes.

El engaño les permitió sobrevivir políticamente durante dos años hasta que la cruda realidad situó a nuestro país en el ojo del huracán y los españoles reaccionaron en las urnas retirándoles la confianza y votando por un partido, el PP, que supiese adoptar las decisiones que necesita el país.

Lo primero de todo es decir la verdad al conjunto de españoles porque tienen derecho a conocer la realidad y el porqué de las decisiones. El país debe 977 mil millones de euros, más de 162 billones de las antiguas pesetas y hay que tomar decisiones que contengan el déficit y permitan devolver la deuda contraída porque si no el proceso hacia la quiebra y la salida del euro sería irreversible Ningún presidente de la democracia ha recibido un país en la situación en que lo ha recibido Mariano Rajoy. La situación es muy grave y requiere determinación pese a que muchas medidas son duras y a nadie le gusta tener que adoptarlas.

En siete meses el gobierno del PP ha tomado decisiones para arreglar el desastre del gobierno socialista en siete años, con reformas estructurales y medidas de ajuste porque sabe lo que se debe hacer. No es un camino rápido, ni fácil. Exigirá sacrificios y compromiso colectivo porque la situación es compleja, pero existe una hoja de ruta clara y España está recobrando paso a paso la confianza internacional indispensable para recuperar la economía.

Se está trabajando para salvar el estado del bienestar y sus elementos básicos como la sanidad, la educación o las pensiones y eso requiere rigor y ajustes.

Ahora es el momento de pedir seriedad a todos los partidos políticos. Con las legítimas discrepancias, todos debemos asumir nuestra cuota de responsabilidad para priorizar lo que necesita el país. Ahora debemos centrarnos en impulsar la economía, crear puestos de trabajo y retornar la confianza en nuestro país. Lo demás puede ser importante pero no es prioritario.

En Cataluña no podemos vivir en una burbuja política, ajena a esta situación, ni enredarnos en debates estériles de queja y lamento. Los catalanes tenemos un papel principal en la salida de la crisis, y Cataluña será la primera beneficiada si sabemos dar un paso adelante con nuestro espíritu emprendedor, si practicamos la austeridad con el ejemplo y si nos volcamos en volver a ser un motor económico y social de España.

El gobierno de CiU no puede vivir en un discurso permanente contra España y su gobierno, en un mensaje de trasfondo euroescéptico cuando se avanza hacia la integración económica y fiscal, y en una pasividad política alarmante con el comodín del pacto fiscal para enmascararlo todo.

El gobierno de España tiene un enorme reto ante sí y también lo tienen el conjunto de gobiernos autonómicos y municipales. El debate es legítimo pero la crispación sería irresponsable.

Estamos en la hora de la verdad. En los próximos meses se va a decidir el futuro de España y de Europa. Los catalanes y el conjunto de españoles podemos salir fortalecidos si creemos en nosotros mismos y sabemos sumar para construir un futuro mejor.

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