“Dar es recibir. Esta frase, que hemos oÃdo tantas veces y que es uno de los eslóganes de la Organización Nacional de Trasplantes, tiene hoy un sentido especial para mÃ. Desde muy joven, mi mujer Montse padecÃa glomerulonefritis, una enfermedad que afecta a la función renal y que, aunque no tiene cura, puede ir tratándose. Durante años acudió a revisiones periódicas y hubo temporadas en las que necesitó medicarse, pero podÃa llevar una vida normal. Hasta que hará unos cinco años todo se complicó.
En la revisión anual nos dijeron que la capacidad de los dos riñones iba disminuyendo cada vez más. De hecho, ella se encontraba peor y le costaba mantener su ritmo habitual de trabajo. Aun asÃ, siguió dando clases -es profesora en una escuela pública- e intentó que la enfermedad no frenara su actividad. Pero hace dos años la nefróloga nos dijo que su situación era irreversible. Fue muy tajante: Montse terminarÃa necesitando diálisis y su única solución serÃa un trasplante de riñón.
 Que te digan algo asÃ, de repente… Nos quedamos hechos polvo porque no nos habÃamos planteado que pudiera tener esta evolución tan negativa. A una edad maravillosa, los 50 años, con tres hijos… y que de pronto te digan esto. Su estado de salud, efectivamente, se fue deteriorando. Se iba apagando como una vela, poquito a poquito. Tuvimos que asumir que el trasplante serÃa inevitable, y nos empezamos a plantear qué Ãbamos a hacer.
Nos explicaron que lo que se suele proponer a estos enfermos es que entren en diálisis y se pongan en la lista de espera de trasplante de un riñón donado por una persona fallecida. Es cierto que en España hay un elevado número de donantes, pero tienes que tener la suerte de que haya uno compatible. Y, entre tanto, tienes una calidad de vida muy disminuida.
Pero habÃa otra alternativa: la donación de órganos vivos. Nosotros no sabÃamos nada de eso y nos surgieron dudas, como que si hemos nacido con dos riñones, será porque necesitamos los dos, ¿no? Pero nos explicaron que se puede vivir con uno solo; el objetivo era conseguir uno que sustituyera a los dos que no le funcionaban a Montse. AsÃ, receptor y donante vivirÃan con un riñón cada uno
. Una vez que entendimos el proceso, los tres hermanos de Montse decidieron someterse a las pruebas de compatibilidad. Yo también me las hice, aunque me avisaron de que las probabilidades de que alguien sea compatible son mayores en familiares de primer grado de consanguineidad que entre personas sin parentesco. Curiosamente, el resultado fue que solo uno de los hermanos era compatible… y yo también.
Montse preferÃa que el donante fuera su hermano, yo creo que para no complicarme a mà la vida, pero le dije que querÃa hacerlo yo. Era una forma de no involucrar en el proceso a dos familias. Y no tuve duda: mi mujer no podÃa seguir viviendo asÃ, estaba muy mal. Desde el punto de vista de la relación de pareja, no tenÃa sentido que yo estuviera bien y Montse mal. Y tomamos la decisión.
A partir de ahÃ, empezaron a hacerme revisiones muy completas para asegurarnos de que yo estaba en condiciones óptimas para ser donante. Asimismo, tuve que prestar declaración ante un juez para garantizar que hacÃa esta donación de manera voluntaria, sin remuneración, y sin presión de ningún tipo. Es un trámite que se hace en presencia del responsable de trasplantes del hospital y del cirujano que va a realizar la intervención y que sirve para evitar la posibilidad de que haya tráfico de órganos, coacción o extorsiones.
Ya solo quedaba esperar. Los médicos no fijaron fecha para el trasplante: dependerÃa del ritmo de degeneración de la función renal de Montse. El objetivo era hacerlo justo antes de que fuera imprescindible entrar en diálisis, y para eso podÃan pasar unos meses, un año, dos… Llegó un momento en el que mi mujer estaba con una función renal del 14% y, aun asÃ, aguantamos hasta que llegó al 10%.
Cuando nos dijeron que el momento habÃa llegado, estábamos en plena campaña electoral y yo era candidato por Girona.
Salà elegido, pero decidà renunciar al escaño porque veÃa lo que se nos venÃa encima y estaba claro que, al menos durante un año, yo tenÃa que estar en casa, con ella y con nuestros hijos.
El 2 de agosto hicimos el trasplante. Fue un dÃa extraño, un poco estresante. Nuestros hijos estaban ahà despidiéndose de sus papás porque se los llevaban al quirófano. Montse y yo nos dijimos: ‘Nos vemos en un rato’. Y nos operaron. Cuatro horas y media de intervención, realizada por dos equipos diferentes. El equipo que realiza la extracción está muy especializado, porque no es lo mismo extraer un riñón a un cadáver que a una persona que tiene que seguir viviendo. Por lo que me explicaron, en cuanto colocaron mi riñón en el cuerpo de Montse, empezó a funcionar.
Unas horas más tarde nos reencontramos en la misma habitación. Fue muy emotivo. Después, nos separaron, porque ella tenÃa que estar aislada unos dÃas para evitar el riesgo de infección. Los primeros momentos son muy delicados para una persona trasplantada, porque hay mayor riesgo de rechazo. Al cabo de dos o tres dÃas yo ya podÃa andar y en una semana recibà el alta. Poco después, Montse se reunió en casa con nosotros.
Estuvimos un mes o mes y medio en recuperación. Sin ninguna complicación especial, solo lo normal de un postoperatorio. Nuestros tres hijos se ocuparon de la compra, la limpieza, la comida, las curas, la medicación… Todo. Y, a mediados de septiembre, yo ya estaba trabajando. Montse también se recuperó bien: no tuvo ningún problema fuerte de rechazo, aunque tiene que estar en tratamiento inmunosupresor de por vida. Aún no se ha reincorporado a sus clases, pero todo hacer prever que el próximo curso retomará su vida.
Echo la vista atrás, y solo puedo decir que lo que nos ha pasado ha sido tremendamente positivo. Para la unidad familiar ha sido una vivencia muy potente: nuestros hijos se han implicado mucho y han recibido un mensaje claro de amor. Es una experiencia que recomiendo sin duda a cualquier persona que esté en una situación similar a la nuestra y se plantee si compensa hacer este tipo de donación. Por eso decidà hacerlo público: comprendimos que lo positivo era contribuir a explicar que se puede ser donante vivo y salvar una vida. Que no hay problema, que yo estoy fenomenal, que tenemos los mejores equipos de trasplante a nivel mundial. Y contar que existe la posibilidad de donar en vida un riñón, o una parte del hÃgado, y ese acto te permite ver con tus propios ojos el resultado de la donación: yo hoy puedo ver cómo mi mujer Montse es una persona nueva, cómo disfruta de la posibilidad de tener una segunda vida. Ha rejuvenecido, ha cambiado su carácter, su ánimo, su espÃritu, sus ganas de hacer y de vivir. Ha sido como un milagro”.
Adjuntamos el link con las dos páginas de la entrevista:
Enric Millo
Más audios en Onda Cero
http://www.rtve.es/noticias/20120910/sanchez-camacho-cree-peligrosa-deriva-independentista-mas-quiebra-conviviencia/562460.shtml
