19 MAY 2013

enric_millo_rocher“Dar es recibir. Esta frase, que hemos oído tantas veces y que es  uno de los eslóganes de la Organización Nacional de Trasplantes, tiene hoy un  sentido especial para mí. Desde muy joven, mi mujer Montse padecía  glomerulonefritis, una enfermedad que afecta a la función renal y que, aunque  no tiene cura, puede ir tratándose. Durante años acudió a revisiones  periódicas y hubo temporadas en las que necesitó medicarse, pero podía llevar  una vida normal. Hasta que hará unos cinco años todo se complicó.
En la revisión anual nos dijeron que la capacidad de los dos riñones iba  disminuyendo cada vez más. De hecho, ella se encontraba peor y le costaba  mantener su ritmo habitual de trabajo. Aun así, siguió dando clases -es  profesora en una escuela pública- e intentó que la enfermedad no frenara su  actividad. Pero hace dos años la nefróloga nos dijo que su situación era  irreversible. Fue muy tajante: Montse terminaría necesitando diálisis y su  única solución sería un trasplante de riñón.

 Que te digan algo así, de repente…  Nos quedamos hechos polvo porque no nos habíamos planteado que pudiera tener  esta evolución tan negativa. A una edad maravillosa, los 50 años, con tres  hijos… y que de pronto te digan esto. Su estado de salud, efectivamente, se  fue deteriorando. Se iba apagando como una vela, poquito a poquito. Tuvimos  que asumir que el trasplante sería inevitable, y nos empezamos a plantear qué  íbamos a hacer.
Nos explicaron que lo que se suele proponer a estos enfermos es que entren en  diálisis y se pongan en la lista de espera de trasplante de un riñón donado  por una persona fallecida. Es cierto que en España hay un elevado número de  donantes, pero tienes que tener la suerte de que haya uno compatible. Y,  entre tanto, tienes una calidad de vida muy disminuida.
Pero había otra alternativa: la donación de órganos vivos. Nosotros no  sabíamos nada de eso y nos surgieron dudas, como que si hemos nacido con dos  riñones, será porque necesitamos los dos, ¿no? Pero nos explicaron que se  puede vivir con uno solo; el objetivo era conseguir uno que sustituyera a los  dos que no le funcionaban a Montse. Así, receptor y donante vivirían con un  riñón cada uno

. Una vez que entendimos el proceso, los tres hermanos de Montse  decidieron someterse a las pruebas de compatibilidad. Yo también me las hice,  aunque me avisaron de que las probabilidades de que alguien sea compatible  son mayores en familiares de primer grado de consanguineidad que entre  personas sin parentesco. Curiosamente, el resultado fue que solo uno de los  hermanos era compatible… y yo también.
Montse prefería que el donante fuera su hermano, yo creo que para no  complicarme a mí la vida, pero le dije que quería hacerlo yo. Era una forma  de no involucrar en el proceso a dos familias. Y no tuve duda: mi mujer no podía  seguir viviendo así, estaba muy mal. Desde el punto de vista de la relación  de pareja, no tenía sentido que yo estuviera bien y Montse mal. Y tomamos la  decisión.
A partir de ahí, empezaron a hacerme revisiones muy completas para  asegurarnos de que yo estaba en condiciones óptimas para ser donante.  Asimismo, tuve que prestar declaración ante un juez para garantizar que hacía  esta donación de manera voluntaria, sin remuneración, y sin presión de ningún  tipo. Es un trámite que se hace en presencia del responsable de trasplantes  del hospital y del cirujano que va a realizar la intervención y que sirve  para evitar la posibilidad de que haya tráfico de órganos, coacción o  extorsiones.
Ya solo quedaba esperar. Los médicos no fijaron fecha para el trasplante:  dependería del ritmo de degeneración de la función renal de Montse. El  objetivo era hacerlo justo antes de que fuera imprescindible entrar en  diálisis, y para eso podían pasar unos meses, un año, dos… Llegó un momento  en el que mi mujer estaba con una función renal del 14% y, aun así,  aguantamos hasta que llegó al 10%.
Cuando nos dijeron que el momento había llegado, estábamos en plena campaña  electoral y yo era candidato por Girona.
Salí elegido, pero decidí renunciar al escaño porque veía lo que se nos venía  encima y estaba claro que, al menos durante un año, yo tenía que estar en  casa, con ella y con nuestros hijos.
El 2 de agosto hicimos el trasplante. Fue un día extraño, un poco estresante.  Nuestros hijos estaban ahí despidiéndose de sus papás porque se los llevaban  al quirófano. Montse y yo nos dijimos: ‘Nos vemos en un rato’. Y nos  operaron. Cuatro horas y media de intervención, realizada por dos equipos  diferentes. El equipo que realiza la extracción está muy especializado,  porque no es lo mismo extraer un riñón a un cadáver que a una persona que  tiene que seguir viviendo. Por lo que me explicaron, en cuanto colocaron mi  riñón en el cuerpo de Montse, empezó a funcionar.
Unas horas más tarde nos reencontramos en la misma habitación. Fue muy  emotivo. Después, nos separaron, porque ella tenía que estar aislada unos  días para evitar el riesgo de infección. Los primeros momentos son muy  delicados para una persona trasplantada, porque hay mayor riesgo de rechazo.  Al cabo de dos o tres días yo ya podía andar y en una semana recibí el alta.  Poco después, Montse se reunió en casa con nosotros.
Estuvimos un mes o mes y medio en recuperación. Sin ninguna complicación  especial, solo lo normal de un postoperatorio. Nuestros tres hijos se  ocuparon de la compra, la limpieza, la comida, las curas, la medicación…  Todo. Y, a mediados de septiembre, yo ya estaba trabajando. Montse también se  recuperó bien: no tuvo ningún problema fuerte de rechazo, aunque tiene que  estar en tratamiento inmunosupresor de por vida. Aún no se ha reincorporado a  sus clases, pero todo hacer prever que el próximo curso retomará su vida.
Echo la vista atrás, y solo puedo decir que lo que nos ha pasado ha sido  tremendamente positivo. Para la unidad familiar ha sido una vivencia muy  potente: nuestros hijos se han implicado mucho y han recibido un mensaje  claro de amor. Es una experiencia que recomiendo sin duda a cualquier persona  que esté en una situación similar a la nuestra y se plantee si compensa hacer  este tipo de donación. Por eso decidí hacerlo público: comprendimos que lo  positivo era contribuir a explicar que se puede ser donante vivo y salvar una  vida. Que no hay problema, que yo estoy fenomenal, que tenemos los mejores  equipos de trasplante a nivel mundial. Y contar que existe la posibilidad de  donar en vida un riñón, o una parte del hígado, y ese acto te permite ver con  tus propios ojos el resultado de la donación: yo hoy puedo ver cómo mi mujer  Montse es una persona nueva, cómo disfruta de la posibilidad de tener una segunda  vida. Ha rejuvenecido, ha cambiado su carácter, su ánimo, su espíritu, sus  ganas de hacer y de vivir. Ha sido como un milagro”.

Adjuntamos el link con las dos páginas de la entrevista:

ElMundo-Enric Millo

ElMundo-EnricMillo2

Enric Millo

Alícia Sánchez-Camacho

Alícia Sánchez-Camacho

http://www.rtve.es/noticias/20120910/sanchez-camacho-cree-peligrosa-deriva-independentista-mas-quiebra-conviviencia/562460.shtml